Me alucina.
Realmente, al menos en mi caso, este Arjona es un genio que me lee la mente, se anima a decir a voces (publicado, y puesto en los mejores puestos por las propias mujeres) lo que muchos, sino todos, los varones, pensamos, sentimos, sufrimos, reclamamos y, a la larga acallamos de alguna manera (unos mediante el uso simple y sencillo del silencio; otros buscando salida a sus deseos, necesidades y ofuscaciones en otras almas que, más o menos caritativamente, dan la oportunidad de liberar al pobre animal dormido; y otros, como el que suscribe, asumiendo que lo que no se resuelve, si crece, es mal amigo, dejando expirar esa extraña relación que tanto se desea pero tan imposibe resulta llevar a la vida).
Y en esta sensación de sentirme interpretado, me encuentro tan desconcertado como siempre, en la movediza sensación de que el piso tiene diferente dureza, dependiendo de cunán cercana sea la relación con quien pretendas analizar la relación que -crees- los une.
Todo lo que poéticamente pueda expresarse, en pareja, parece ser una forma meticulosamente analizada de quitarte puntos por esquivar la palabra franca, precisa y directa.
¿?
¿y esa, cuál es? ¿Desde cuándo puede reducirse algo que involucre a los sentimientos en menos de una vida de largo?
¿¿ O encontrarías sensato reducir las pretensiones del alma, en un todo abarcativo, y creyendo que realmente destacas lo importante y detallas el cómo, el cuándo, (y el por qué cadavez que deba ser aclarado) decir: “Te quiero”. ??
De todos modos, te adelanto algo del final: si lo hicieras, serías censurado por tu simplismo.
El resumen, que nunca se sabe poner a la vista, o no se desea explicitar por miedo a todos los ‘derechos adquiridos’ que han de ser nuevamente reclamados (y ahora en pie de guerra) es que, simple y sencillamente, la persona que te critica, que no busca acompasar los derroteros de ambas almas, (porque no acepta que, aún sin cambiar tu forma de ser y vivir, no eres una mala persona), es alguien que no te ama.
Es sencillo. Cuesta tiempo y dolor aceptarlo, pero (llegado el momento) esta es la conclusión que te permitirá evitar heridas mutus, así como cerrar las que sientas haber recibidos sin necesidad de lamerte sin sentido.
Llorarás. Suspongo. Si no, es porque dejaste de amar primero.
Pero, lo importante, y esto es lo que, antes que nada, DEBE QUEDAR CLARO, es lo más elemental:
*** NO EXISTE LA CULPA *** NO BUSQUES CULPABLES *** NO LO ERES, NI LO HALLARAS ***
Por supuesto que la incredulidad y el desconcierto te harán mover, sin ton ni son, entre extremos que, llegado el momento, podrían asquearte de tí mismo.
Y es verdad que, cuando más ofuscada/o estés, más querrás culpar a tu actual contrincante.
Pero, si recuerdas al Quijote, quizás podrás comprender que, del otro lado de la visión que nos da el momento, se halla toda una nueva realidad, que deberás enfrentar algún día si deseas integrarla (será dolor, u olvido, pero debe ser algo en tu vida, o sencillamente, estarás perdido en tu ceguera).
Claro. Puedes criticarme. Y te justifico. Y te doy la razón.
Esta es una graciosa discusión que siempre se plantea con uno de mis mejores amigos.
Veamos. Relativizar. Suena a fabricar mentiras para explotar una situación a favor de una visión (creyéndola, a esa visión, por interesada, malintencionada).
Ahora, dame un minuto. Lee la frase anterior sin criticarla, y dame la oportunidad de plantearte el ‘cómo creo que vivimos’, (je) desde mi punto de vista.
¿No es cierto que, en un momento de ‘ceguera’ (gracioso cómo usamos el lenguaje, no?) uno crea que determinada situación está cargada de TENSION, o INTENCION, o … lo que fuera?. El punto es que cuando ‘recapacita’, se plantea una visión más magnánima, con mejor voluntad de aceptar lo ocurrido, o al menos con más tolerancia frente a la actitud ajena.
Esto nos parece lógico en otros (porque es más obvio aceptar que en un punto ‘están equivocados’).
Sin embargo, al momento de aceptar que es uno el que debe replantearse, la cosa se dificulta.
Y aún más, a la hora de ‘relativizar’, parece pecaminoso mencionar como posibles visiones tan dispares entre lo ‘políticamente correcto’, lo que ’se atiene a derecho’ , lo que ’sugiere el sentido común’, o lo que ‘más conviene’.
Y todas estas visiones, que al común de la gente le parecen inaceptables, son alternativas en las que se poosicionan desde el instante en que la versión les llega, en función del ‘informante’ (si es amiga/o, a su lado; si no, en su contra; nunca ecuánime, jamás comprensivos, por nada contempladores o conciliadores).
Esas posociones, no ayudan. Como amigo, no te diré que tienes razón. Te preguntaré cómo te afecta.
Ni te aseguraré que tienes la razón, porque no puedo saberlo: Te acompañaré en tu pesar, porque eso es tu realidad, ahora, y hasta que encuentres un camino para rodear la situación.
Al acompañarte, me esforzaré en comprenderte, pero seré incapaz de avanzar en lo personal, porque para mí, todos los terrenos, una vez que pierdo la luz, son desconocidos.
No perderé la oreja, que será mi mejor oferta, con mi hombro.
Pero no soy sabio. No puedo arrogarme el derecho de decirte cuál es el camino correcto.
¿Deseas un consejo? Seguramente seré demasiado obtuso, pero por sentirme fuera, te ofreceré hablar (como cualquier estúpido, por esto considero mejor a los estúpidos).
Y recuerdo que he avanzado en mi soliloquio al punto en que, seguramente, te preguntarás cómo perdí el sentido original de esto.
Aquí viene, entonces, si es que así piensas, la sorpresa.
Ve esto: quien te encara hablando del calor del día, no está preocupado por el tiempo: sufre por no saber qué hacer con su presencia, tan cercana a tí, y necesita encontrar una respuesta que lo dirija a buscarte o, elegantemente y sin culpabilidades, poner distancia.
Y quien te habla de cómo siente qu Arjona verbaliza sus sentimientos, te expresa cuánto sufre al no encontrar una manera de comunicarse con una especie que ama lo que se dice a la distacia, al tiempo que rechaza a quien exprese (con más o menos felicidad),siquiera levemente, que cosas tan naturales, terrenas, que pueden expresarse con palabras concretas, tienen efecto en el ánimo, y esto, aún aclarando el sentimiento inexplicable que permite convertir tantos desencuentros y desaciertos en anécdotas de una relación que desearía contar con una sonrisa.
Lástima que, llegado el momento, el tiempo desaparezca aquellos bienintencionados comentarios sonrientes, reeplazados con mohínes amargoa.
Y se pierden así cosas que, habiendo sido guijarros que con distintos grados de felicidad armaban un camino, la mente elige borrar y ni siquiera saber que allí hubo cosas que te agradaban permite recomponer una imagen que rescate nada.
Quizás, como al Quijote, esas fallas de la percepción nos den un día unaida, y otro nos ofrezcan otra nueva existencia que vivir.
Y entre realidades, mientras deambulamos de percepción en alucinación, en el camino de olvidar heridas para reconvertirnos en seres fuertes para sobrevivir la vida siguiente, uno desea hallar aquella persona que nuevamente ciegue el temor a la pérdida, el dolor de lo ido.
Debe existir quie ponga una sonrisa genuina sobre la mueca escasa que presenta la aceptación resignada del presente.