Archivo de Febrero 2007

Placebos

Febrero 22, 2007

Alguna vez, esbozé algo agradable.
Y el reconocimiento quiso haacerme creer que era capaz de comunicarme.
Estaba midiendo el ruido provocado por el resultado.
No el resultado.
Es difícil separarlos.
Cuesta ser sencillo.
Cada frase que recorto, son mil explicaciones que quedan fuera.
Sabrás oírlas si no llego a decirlas?
Me siento mudo de incapacidad de expresar los infinitos círculos que se expanden a partir de cada palabra.
Mudo a gritos.
Locuazmente mudo.
Insufriblemente complejo y perdido en mis propias elucubraciones, sogas imposibles de cortar que sólo llevan a otras, más complejas, aún más difíciles de expresar, más duras de aclarar en su complicada relación con sus precedentes.

O es nuestra simplificación enfermiza la que nos complica?
Nos cierra, con aparente naturalidad, a las aclaraciones, a los pormenores, al correcto / claro / detallado planteamiento del contexto.

Lo difícil es ser simple.

Es cierto.

Quizás porque la simplicidad, como tal, no es parte integrante de nuestro universo emocional inmediato.

Se entiende?

Cómo que no?
Tan duro resulta pensar cuando cada palabra tiene un sentido concreto?

Emocional: relativo a lo interno del ser, sólo expresable en modos y comportamientos, pero afectando el todo de la existencia.
Inmediato: lo que resulta más cercano y aparentemente alcanzable, aún si sus componentes o su conformación involucra sutiles intromisiones en lo más amplio de la naturaleza del ser y su forma de expresarse y sentir, y percibir el contexto.
Univarso: ese mismo contexto, su sontenido, su composición y la forma en que nos afecta, cómo deseamos influirlo y cómo nos agradaría ser percibidos por él.
Integrante: cada uno de los que, detectados o no, hace a la totalidad, sea como elemento conformante, como determinante externo, o en la más orgánica labor de, sin dejar de actuar DENTRO de su esfera de comprensión, gestor de sus pautas de comportamiento.
Simplicidad: forma reducida, minusválida por definición, acotada por elección. Modelo minimizado que a la percepción consciente le lleva a la creencia de abarcar un funcionamiento de caja negra con reglas expresables, comprensibles, repetibles y controlables. Es lo que, en buen romance, se llama UNA FALSEDAD, sólo que, en su función de elemento para el tratamiento de la soberbia en el control del medio, actúa como el mejor de los placebos, al no ofrecer soluciones reales y, sin embargo, mejorar el desempeño del añorante (paciente) ante la situación que busca comprender (dolencia).

De cuando falla la inspiracion – o solo hay necesidad

Febrero 22, 2007

Escuché a una artista, mayor, no me enteré de su nombre, hablar del cansancio de leer cosas que no hablan de nada.
Me sentí tocado, mencionado.

Porque reconozco en muchas de mis pulsiones por escribir esa desesperación por decir algo, buscando en ese acto un alivio quizás inalcanzable.

Y encuentro, tras ese florecer desgarrado de la necesidad por obtener algo de mis manos desnudas, la frustración de no hallar una forma que contenga sentimientos, los que, aún siendo profundos, no llegan a formar en la superficie sino burdas, repetidas ondas, carentes de la originalidad y unicidad, capaz de transformar los sentimientos que me mueven en algo reconocible.

Y esa incorporeidad, esa carencia de identidad, esa pobre transmutación de mi ser en palabras, pasa a ser simple y llano dolor.

Como enmudecido sufriría queriendo llamarte…
Como ciego me perdería desesperando por tocarte…
Como insensible pasaría a tu lado aún golpeándome en un afán tortuoso por superar lo que ya antes me ha superado.

Vuelvo, frustrado, perdido, asolado por sentirme tan aislado de lo que deseo.

Y la incomunicación, en un notablemente eficiente ejercicio de su poder, me desbarata.

Me vence lisa y llanamente, tanto en su terreno como en el mío.

Y tanto más cruel es la sensación de haber sido vencido, en la medida que la confrontación (prácticamente inexistente) se ha planteado en mis propios términos, con mis meras restricciones, utilizando todo el arsenal que (no por inexistente, a la fecha, me evita o) permite observar que este pretendido gladiador, resultó un insulso transeúnte devenido en peleador callejero. Y perdedor.

Bohemio:

Febrero 15, 2007

Creo haber entendido con qué se define:
Lo que necesito, y lo que se supone que merezco, está supeditado a lo que quiero, y lo que creo.

… Y a buen entendedor, menos palabras…

Me río … Me río?

Febrero 11, 2007

Me río y lloro.
Hay cosas que me emocionan, sin entender al principio el por qué.
Más me emociono, cuando me doy cuenta.
Mis propios sentimientos pasan a análisis, como las viejas clases de castellano, cuando encontrábamos razones increíbles que llevaban a un paisano a hablar como un intelectual, o a un desvariante, en sus majaderías, a confeccionar increíbles esbozos de la realidad. Y no porque fuera mentira, ni cierto. Sino, y tan sencillo como esto, porque EN NUESTRA IGNORANCIA, E IMAGINACION, TODO SE TORNA POSIBLE.

Nada quita la sabiduría a las palabras más incoherentes que la falta de instrucción pueda orquestar. En todo caso, es uno mismo el ignorante que se escuda, y echa tierra al discurso en lengua desconocida, creyendo que es pecado ser víctima de xenofobia, y buscando estúpidamente camaradería en quienes, tan estúpidamente como uno, se avienen a hacer coro.

Volvamos al grano.

Me río de mí.

De qué lloro? Por qué me emociono? Es real este personaje interno más sensible que yo mismo? O es sólo el alma a flor de piel, y el resto es reflejo del agua que corre mientras intenta, pero no consigue, llevar sentimientos silenciosos?

Y soy yo mi duda? Tiene sentido tanta pregunta? No es cobardía atacar con tan pretenciosa formalidad lo que apenas consigo llevar a mis labios?

Valor

Febrero 11, 2007

Pienso en mí, y me sonrío.
Como si de un chiquillo se tratase.
Tonto en su inexperiencia.
Gracioso en su inseguridad.
Y recuerdo al mismo personaje creyéndose tan seguro…
¿Hace ya tanto tiempo?

Creo que la ilusión, sea del tiempo transcurrido o de nuestra propia forma existencial, ha variado demasiado en mi comprensión.

La relatividad, la relativización de los sentimientos, la falta de asideros, la formalización en palabras de lo que deberían ser premisas sobre las que formar criterios… Son solo alternativas a evaluar según el humor de turno.
Y son (maś incluso que inseguridades de por sí) causa de mayor inseguridad en la minúscula medida en que creo darme cuenta de mis vaivenes entre ellas.

Hoy uno, mañana tres, pasado diez, y luego dos. Multiplicidad ignorante. Falta de referencias. Todo vale y, por culpa de esto mismo, nada tiene un valor compprensible.

Ruido interno, lo llamo. A veces, es verdadero ruido. En ocasiones, sólo la sensación de mareo al pasar, sin frenos, sin asentarme en ninguno, de un pensamiento a otro, antes incluso de formarse concretamente, antes de producir esa sensación cuasi mínima, inicial, de saber de qué se trata, quede inconclusa o no, tenga o no remedio, quiera o no quiera atacarla.

Pesar, es. Sí, pesar. Es el agobio de los fantasmas a los que negué un nombre, que nunca tuvieron el proceso lento de maduración, llanto y pérdida. Víctimas de una pretendida madurez que los dejó, truncos, a mitad de camino entre el reconocimiento y la desaparición, el apego y el llanto, el amor y su pérdida, la palabra y el silencio sin fecha de culminación.

Sin embargo, y me alienta, me comprendo un poco más. Y casi creo que me tolero.

Encuentro algo, que me acompaña en estos días, aunque me había dejado abandonado largo tiempo, que me impulsa.
En tren de simplificarlo, hablo del calor, las penurias económicas, los inconvenientes del trabajo.
Pero nadie es tan tonto como uno mismo. Todo el que me escucha asiente, clarificándome, para solventar en un murmullo la imposibilidad de hacer oír al que voluntariamente se exhibe como sordo.

Llegará el momento, y a todos les estoy tan infinitamente agradecido que, como a mi padre, sé que sólo en lágrimas sabré expresárselo.
Es cuel, no?

La estupidez, puesta a la vista como virtud.

Años esperando el momento correcto para … Y jamás llegará. Nunca, a menos que me acepte. Y la cobardía, la falta de valoración y la muerte pasan a ser la misma cosa, sólo que, usualmente, se presentan en distintos momentos.

Después

Febrero 10, 2007

“Después” no llega.
“Después” es hambre. O desolación. Y quizás muerte.
“Después” es silencio, sin sentido ni sentimientos.
“Después” es ausencia, presente hueco que se escucha udo, que simplemente duele.

Es no tener “hoy”, ni esperar “mañana”.
Es no tener “quién”, ni imaginar un “cuándo”.
Es, aunque delire imaginando el “cómo”, no comprender el “por qué”, ahogado en desamparo.

Es haber perdido el horizonte, y con él un destino.
No ver cuáles son los límites, ni tener ánimo para perseguirlos.
Es haber ensordecido al corazón, esperando oír las palabras mágicas capaces de sacarme de aquí

Logros… Pretendemos!

Febrero 6, 2007

I. Humanos
A. Logros
1. Pretensiones
Interesantes características humanas. Pretendemos.
Pretendemos pretender, desear determinadas cosas que deben ser deseadas para ser aceptados.
Pretendemos pretender, asimilando y acomodando nuestras actitudes, como si tuviéramos intenciones que, suponemos, harán creer que estamos un paso más aquí, o un centímetro más allá, para así sentar una posición que nos ubique mejor en la imagen que de nosotros tendrían los demás.
Creemos poder montar un circo en el que los únicos actores seremos nosotros, maravillando al resto con nuestras acrobacias cotidianas, sin intervención ajena.

Esto es lo típico de nuestras primeras etapas, cuando aún lo mágico domina nuestro mundo, mientras esa magia se desplaza de nuestros padres a nuestro entorno individual, y por el tiempo que pretendamos mantenerla en nuestro deambular cotidiano, evitando un franco, crudo e impredecible contacto con un mundo que, más allá de nuestras especulaciones imaginativas, no nos hace caso, se comporta como se le canta y, en líneas generales, contraría hasta nuestros más pequeños deseos y caprichos, trabando las expectativas más pueriles, hasta el punto de parecer que, simplemente, busca llevarnos la contraria, sólo para vernos abandonar cada intento.

Bien. Aquí estamos. Aún pretendiendo que nuestra comprensión está más allá de los hechos que nos desdicen. Creyendo que con un palabrerío que se desplaza sofocadamente entre lo formal y lo coloquial le daremos al tema una forma lo suficientemente corpórea y opaca como para escondernos tras su viso de absoluta ignorancia de lo que sucede.
Escudado en la verborrágica explicabilidad de las cosas, situaciones, creencia y sentimientos que parecen acercarnos las palabras, me hallo (ahora en primerísima persona del singular) busco la alternativa a terminar sucumbiendo en los bordes desdibujados de una intención que debió morir en la intimidad, como un simple ejercicio mental, una pequeña evasión sin consecuencias apreciables en el tiempo o el entorno.

A esta altura, pretender se ha transformado en la necesidad de dar a estas formas incipientes la posibilidad de desarrollarse, tomar verdadero estadío de entes existentes, y cobrar una vida que justifique el nacimiento.
Esta es una alternativa interesante. También nacemos. Me refiero a que nosotros nacemos, como algunas ideas, sin mayores explicaciones ni justificaciones. Al menos, no conozco la justificación de nadie de los que me rodea, tampoco de aquellos que afectan mi vida en forma directa, incluyendo a mi parentela de sangre. Creo que tampoco las personalidades mediáticas reconocen un origen justificado.
Estamos a punto de descubrir que somos injustificados, al menos a esta altura del entendimiento personal.

Si bien hace ya años que he abandonado los niveles de pretensión volcados en estas glosas, es cierto que no he hallado los justificativos.
Es el fin de la pretenciosísima justificación CAUSA-EFCTO. Más bien, a la inversa, estaría en posición de decir, como padre que soy, que aún habiendo deseado (y conseguido) la instancia de convertirme en padre, el hecho en sí involucra una cantidad de elementos fortuitos, desde “el precalentamiento” y “ejecución” hasta la conjunción espacio-temporal, sumada a la disponibilidad, capacidad y buen funcionamiento de dos cuerpos, humanos como los de cualquiera.
Nuevamente nos encontramos con que hemos modelado la realidad de atrás hacia adelante, desde el fin hacia el comienzo, y hemos creído hallar que, porque determinada combinación de factores suelen o deben darse, esos factores pasarán a ser la CAUSA, y nos arrostraremos el triunfo, si ocurre lo esperado, o nos perjudicaremos hasta el punto de hacernos daño, por no saber comprender que la cosa tiene sus alternativas, sus diferentes desenlaces. Y siempre terminamos optando por el más torturado.
Al no aceptar nuestras limitaciones, nos tornamos incapaces de convertirlas en armas. Y en la medida de su comprensión, nos vamos alejando, sanamente, de las euforias sin fundamento, y las penas sin medida.
Tampoco puede decirse que nos deshumanicemos. Todo lo que tiene de interesante una filosofía que aparte las emociones del comportamiento cotidiano, se desvanece ante la posibilidad de compartir con otros todo el bagaje de pequeños instantes que cualquiera de nosotros puede rescatar de un día cualquiera de nuestras vidas.
Se pone interesante ver cómo, habiendo empezado con las apariencias, termino otra vez con lo íntimo, con lo público de nuestros sentimientos hacia los demás y su forma de expresarse de manera provechosa.
Armamos un comportamiento, lo modelizamos, lo desmenuzamos, y volvemos al principio de los principios: la necesidad de armonizar nuestra actitud con el resto, para convertir esa interacción en contacto, no en roce; buscar que nuestras vidas sean llenas de experiencias, y no de “situaciones”.
Y podría finalizar diciendo que todo este ejercicio fue un burdo precalentamiento, ya que estoy más que satisfecho con lo que me toca.
Y aquí es donde todo recomienza. Por las dificultades que podría enumerar como para hacer sentir lo ocupado, preocupado y comprometido que estoy con lo que hago y me sucede. Pero sé perfectamente que, cambiando algunas circunstancias, TODOS tenemos situaciones semejantes, y quizás hasta optemos por las mismas opciones a la hora de resolverlas.
Ocurre que, si buscamos positivismo, la mirada no se posará en los detalles formales, que hacen de la vida un racconto al estilo de las presentaciones fotográficas. Deberemos ser capaces de apreciar esas entrelíneas que no podremos expresar con palabras ni gestos, por mucho que hurguemos en los detalles.
Y volvemos a las apariencias:
Hay quienes parecen encerrados en su esquema de vida, como para cerrarse y no husmear en el exterior (creo que es lo primero que criticaría en mí mismo).
Hay quienes aplican lo mismo método, no ya en lo que a actividad física se refiere, sino en la forma de tratar y percibir el mundo:
ignorar opiniones ajenas,
tomarlas como recetas de noticiero,
desoír los sentimientos de cónyuges, padres e hijos,
esquematizar la actividad de modo que sea ‘contable’, ‘relatable’, ya que lo que importa es la presentación de los hechos, como tarjeta descriptiva de presentación

Ya me cansé.

Perdido

Febrero 5, 2007

La angustia me abraza.
Ma ahoga y encierra.
Se lleva las palabras y sus motivos.
Arrastra a su personal abismo sin visiones,
y a cambio de lo que debería ser un mundo,
entrega vacío a manos llenas,
en su enferma avidez por absorber mi voluntad.
Sin embargo, mi voluntad no le interesa.
La deja morir.

Aquí pierdo la referencia,
ya no distingo entre la ausencia y el continente.
El vacío, sin proyección, de mis sensaciones amortiguadas.
El dolor en su rigidez capaz de persistir más allá del deseo inicial de superarlo.

La verdad, como una manta hecha con tallos de rosas, promete aromas que no llego a percibir, mientras simple e inexorablemente, cuanto más le pido, más me lacera.

Todas las palabras cuya idea hubiera proyectado ilusiones, esperanzas, expectación por recuerdos agradables, quedan suspendidas sin efecto en un aire espeso, como el que pretenden entregarnos los efectos especiales del cine: película detenida, acción milimétrica, visión detallada de nimiedades que debieron haber ocurrido sin nuestro conocimiento, y sin embargo están allí, con una presencia capaz de despertar la sospecha de que todo, aún lo inanimado, inclusive lo inmaterial (sonidos: voces o ruidos; brillos, destellos o reflejos; desplazamientos imperceptibles: una mano, unos cabellos, una mirada), se ha confabulado en tomar forma, asumir una actitud amenazante, y hacernos retroceder en la impotencia emocional que corroe al no ser capacez de digerir, no ya de dirigir, una realidad tan compleja, tan llena de detalles, y sin embargo, carente ya de sentido.

Es la desdicha del espectador expectante, el que observa porque todo le llega, pero es incapaz de actuar. Ya todo lo ha superado. El volumen de esa ‘información’ ha convertido a la realidad en un ruido que únicamente cumple con la función primigenia de confundir, cuando la actitud, la predisposición y la voluntad han confluido en un punto de fuga, y escapado del cuadro general.




Y …

Cuándo ocurrirá algo que llame a despertar?
Qué será capaz de producir el salto, mover la película, llevar un pensamiento al nivel de internalización pasando las barreras de incomunicación que se han planteado y simplemente ganan fuerzas a cada instante que les permito (¿les permito?¿necesitan de mi permiso?¿lo esperan?) subsistir al anterior?.

Como animal asustado, lanzado en una carrera alocada, en la que ya no ve qué lo rodea, y sólo se arriesga a morir ahogado, asfixiado en su propio miedo, espero el instante en que se produce ese toque milagroso, ese despertar instantáneo, esa reacción encontrada capaz de revertir la situación por el simple proceso de la negación de lo actual.

Entonces, lentamente al principio, raudamente a su tiempo, ignoraré en cada paso el paisaje innecesario. Dejaré que todo aquello cuya vida propia hace innecesaria mi existencia para prolongarlo en el tiempo, haga su propia vida, dejando la mía para mí.

Adios y busqueda

Febrero 5, 2007

Porque cuendo lo oí, creí que debía sentir algo.
Porque el sentimiento fue más cercano a la desilusión que al llanto.
Porque, aunque me molestó pensé y sentí que podía superarlo,
Creo comprender con claridad que estoy en lo correcto,
estoy tranquilo: el temor de seguir amando, y engañarme,
la posibilidad de actuar equivocado, sólo para consolarme,
el enfrentar un posible despecho, que no siento,
me hace feliz, por no alterarme.

Lo que sí lamento es esta ausencia,
esta torpe sensación de olvido,
de no saber cómo hallar quien quiera,
o no saber hacer querer, para mí mismo.

Siento, cada segundo, a cada paso,
necesidad de ahogar, por no sentirlos,
cosas que brotan desde dentro,
actitudes carentes de sentido:
Sólo con alguien, destinataria ignota,
sólo por tí esto sería lícito.
No te encuentro.
No te siento.
No te veo.

Mi humanidad se hunde en el hastío.
Frase gastada, por ser la soledad pandemia,
frase obsoleta, por sufrir la humanidad eterna,
holgada, estoicamente, estúpidamente,
incapaz de aceptar que pierde,
entre sus hijos, de su corazón, la belleza,
teñida de dolores que endurecen,
cargada de odios que fomentan
brusca y brutas formas endiabladas,
a las cuales, con nombre de rutina,
sirven siempre, sin preguntar si cierra
este ‘negocio’ las cuentas en el alma,
o si solamente cierra el alma, hasta perderla

Lo que hoy se hace palabras, ahoga meses,
lo que ahora sé escribir, merece gritos.
porque entre sandeces de la vida diaria
he hundido lo que realmente necesito.

Lo peor, lo que me da más rabia,
es que no ignoro qué gritan mis gritos.
Lo más cruel y no sé convertir en palabras,
es que hay quien desearía, destinataria,
fuente y sumidero, una ilusión,
tener un momento, más cercana,
saber si puedo llegarle, saber si no.

Es lo que arma una ilusión.
Quizá moriría en mis manos.
Quizás no.

Cómo saber si el valor está perdiso.
Cómo encontrar, si no sé si aún existo.
Si ignoro si estoy en el olvido.
Si no puedo recurrir a su memoria.
Si el silencio, si me ignora, si no sabe.
Si … Habré de perseguir mi propia historia.

Sentimientos. Arjona.

Febrero 5, 2007

Me alucina.
Realmente, al menos en mi caso, este Arjona es un genio que me lee la mente, se anima a decir a voces (publicado, y puesto en los mejores puestos por las propias mujeres) lo que muchos, sino todos, los varones, pensamos, sentimos, sufrimos, reclamamos y, a la larga acallamos de alguna manera (unos mediante el uso simple y sencillo del silencio; otros buscando salida a sus deseos, necesidades y ofuscaciones en otras almas que, más o menos caritativamente, dan la oportunidad de liberar al pobre animal dormido; y otros, como el que suscribe, asumiendo que lo que no se resuelve, si crece, es mal amigo, dejando expirar esa extraña relación que tanto se desea pero tan imposibe resulta llevar a la vida).

Y en esta sensación de sentirme interpretado, me encuentro tan desconcertado como siempre, en la movediza sensación de que el piso tiene diferente dureza, dependiendo de cunán cercana sea la relación con quien pretendas analizar la relación que -crees- los une.

Todo lo que poéticamente pueda expresarse, en pareja, parece ser una forma meticulosamente analizada de quitarte puntos por esquivar la palabra franca, precisa y directa.

¿?

¿y esa, cuál es? ¿Desde cuándo puede reducirse algo que involucre a los sentimientos en menos de una vida de largo?

¿¿ O encontrarías sensato reducir las pretensiones del alma, en un todo abarcativo, y creyendo que realmente destacas lo importante y detallas el cómo, el cuándo, (y el por qué cadavez que deba ser aclarado) decir: “Te quiero”. ??

De todos modos, te adelanto algo del final: si lo hicieras, serías censurado por tu simplismo.

El resumen, que nunca se sabe poner a la vista, o no se desea explicitar por miedo a todos los ‘derechos adquiridos’ que han de ser nuevamente reclamados (y ahora en pie de guerra) es que, simple y sencillamente, la persona que te critica, que no busca acompasar los derroteros de ambas almas, (porque no acepta que, aún sin cambiar tu forma de ser y vivir, no eres una mala persona), es alguien que no te ama.

Es sencillo. Cuesta tiempo y dolor aceptarlo, pero (llegado el momento) esta es la conclusión que te permitirá evitar heridas mutus, así como cerrar las que sientas haber recibidos sin necesidad de lamerte sin sentido.

Llorarás. Suspongo. Si no, es porque dejaste de amar primero.

Pero, lo importante, y esto es lo que, antes que nada, DEBE QUEDAR CLARO, es lo más elemental:

*** NO EXISTE LA CULPA *** NO BUSQUES CULPABLES *** NO LO ERES, NI LO HALLARAS ***

Por supuesto que la incredulidad y el desconcierto te harán mover, sin ton ni son, entre extremos que, llegado el momento, podrían asquearte de tí mismo.

Y es verdad que, cuando más ofuscada/o estés, más querrás culpar a tu actual contrincante.

Pero, si recuerdas al Quijote, quizás podrás comprender que, del otro lado de la visión que nos da el momento, se halla toda una nueva realidad, que deberás enfrentar algún día si deseas integrarla (será dolor, u olvido, pero debe ser algo en tu vida, o sencillamente, estarás perdido en tu ceguera).

Claro. Puedes criticarme. Y te justifico. Y te doy la razón.
Esta es una graciosa discusión que siempre se plantea con uno de mis mejores amigos.

Veamos. Relativizar. Suena a fabricar mentiras para explotar una situación a favor de una visión (creyéndola, a esa visión, por interesada, malintencionada).

Ahora, dame un minuto. Lee la frase anterior sin criticarla, y dame la oportunidad de plantearte el ‘cómo creo que vivimos’, (je) desde mi punto de vista.

¿No es cierto que, en un momento de ‘ceguera’ (gracioso cómo usamos el lenguaje, no?) uno crea que determinada situación está cargada de TENSION, o INTENCION, o … lo que fuera?. El punto es que cuando ‘recapacita’, se plantea una visión más magnánima, con mejor voluntad de aceptar lo ocurrido, o al menos con más tolerancia frente a la actitud ajena.

Esto nos parece lógico en otros (porque es más obvio aceptar que en un punto ‘están equivocados’).

Sin embargo, al momento de aceptar que es uno el que debe replantearse, la cosa se dificulta.

Y aún más, a la hora de ‘relativizar’, parece pecaminoso mencionar como posibles visiones tan dispares entre lo ‘políticamente correcto’, lo que ’se atiene a derecho’ , lo que ’sugiere el sentido común’, o lo que ‘más conviene’.

Y todas estas visiones, que al común de la gente le parecen inaceptables, son alternativas en las que se poosicionan desde el instante en que la versión les llega, en función del ‘informante’ (si es amiga/o, a su lado; si no, en su contra; nunca ecuánime, jamás comprensivos, por nada contempladores o conciliadores).

Esas posociones, no ayudan. Como amigo, no te diré que tienes razón. Te preguntaré cómo te afecta.
Ni te aseguraré que tienes la razón, porque no puedo saberlo: Te acompañaré en tu pesar, porque eso es tu realidad, ahora, y hasta que encuentres un camino para rodear la situación.
Al acompañarte, me esforzaré en comprenderte, pero seré incapaz de avanzar en lo personal, porque para mí, todos los terrenos, una vez que pierdo la luz, son desconocidos.
No perderé la oreja, que será mi mejor oferta, con mi hombro.

Pero no soy sabio. No puedo arrogarme el derecho de decirte cuál es el camino correcto.
¿Deseas un consejo? Seguramente seré demasiado obtuso, pero por sentirme fuera, te ofreceré hablar (como cualquier estúpido, por esto considero mejor a los estúpidos).

Y recuerdo que he avanzado en mi soliloquio al punto en que, seguramente, te preguntarás cómo perdí el sentido original de esto.
Aquí viene, entonces, si es que así piensas, la sorpresa.
Ve esto: quien te encara hablando del calor del día, no está preocupado por el tiempo: sufre por no saber qué hacer con su presencia, tan cercana a tí, y necesita encontrar una respuesta que lo dirija a buscarte o, elegantemente y sin culpabilidades, poner distancia.

Y quien te habla de cómo siente qu Arjona verbaliza sus sentimientos, te expresa cuánto sufre al no encontrar una manera de comunicarse con una especie que ama lo que se dice a la distacia, al tiempo que rechaza a quien exprese (con más o menos felicidad),siquiera levemente, que cosas tan naturales, terrenas, que pueden expresarse con palabras concretas, tienen efecto en el ánimo, y esto, aún aclarando el sentimiento inexplicable que permite convertir tantos desencuentros y desaciertos en anécdotas de una relación que desearía contar con una sonrisa.

Lástima que, llegado el momento, el tiempo desaparezca aquellos bienintencionados comentarios sonrientes, reeplazados con mohínes amargoa.

Y se pierden así cosas que, habiendo sido guijarros que con distintos grados de felicidad armaban un camino, la mente elige borrar y ni siquiera saber que allí hubo cosas que te agradaban permite recomponer una imagen que rescate nada.

Quizás, como al Quijote, esas fallas de la percepción nos den un día unaida, y otro nos ofrezcan otra nueva existencia que vivir.

Y entre realidades, mientras deambulamos de percepción en alucinación, en el camino de olvidar heridas para reconvertirnos en seres fuertes para sobrevivir la vida siguiente, uno desea hallar aquella persona que nuevamente ciegue el temor a la pérdida, el dolor de lo ido.

Debe existir quie ponga una sonrisa genuina sobre la mueca escasa que presenta la aceptación resignada del presente.