Archivos de la categoría ‘"Alma en reposo"’

Sin ti

Junio 29, 2007

En una ocasión decía:

“Son demasiado largas las horas sin ti”

Ya lo habíamos dicho, y repetido, pero siempre me parece que hace falta algo más.

:) (sonrisa) …. uno desea escucharla mil veces, y mil veces teme, al decirlas, no saber transmitirle (en mi caso, a ella) que cada ocasión es especial, con un nuevo matiz, con nueva emoción.
Todas las palabras, puestas a la vista, parecen viejas hasta que desde dentro aprendemos a reconocer la vida que tienen.
No?
————————————–
Espero que no estés mal,
o que si estás mal me permitas acompañarte,
o que, si preferís que no, sepas que desearía hacerlo,
o que, aunque preferieras ignorarlo, supieras contar conmigo.
————————————–
Me agradaría creer que, en alguna medida, en tu carita se asomó una
sonrisa.

Un beso, muy fuerte
:-*

Catalizadores

Junio 24, 2007

Catalizador.
No recuerdo la secuencia, si la hubo, de ideas que me llevó, y me depositó, al recuperar la conciencia de lo que estaba haciendo, con esta palabra verbalizada en silencio.
Catalizador.
Sé que no era ninguna de las asociaciones que, ahora, parecen justificarla.

Me veía como parte de algo, en cuyo giro me resultaba imposible tomar parte.

Y la síntesis es lo único que le sigue.

Catalizador es, en procesos químicos, un agente, una sustancia que, si bien debe presentarse para facilitar o ser él mismo el disparador de ciertas reacciones, no necesariamente aparece en el producto. Muchas veces, incluso, con el procedimiento correcto, una vez recuperado, está en condiciones de formar parte de otra reacción del mismo tipo.

Catalizador.

Se involucra. Es parte de la ilusión. Pero no pertenece al resultado. Ni el producto le pertenece a él. Tal producto, como entidad independiente, no necesariamente quede marcado por su presencia.
Él mismo, si encuentra el modo, si el entorno lo ayuda, ocasionalmente estará en situación de prestarse nuevamente a estas historias.

Ser catalizador.

Ha de ser sensible a la naturaleza original de las sustancias que con él participaron en el principio.
En alguna medida, debió saber algo de ella. De ellas. O intuirlo.
En su camino, el de él y el de ella, el de ellas, el recorrido ha de haber resultado natural. O aceptable. O deseado.
En algún recodo, pudo el camino haber dado la opción de incluirlo.
Debió haber existido un instante de elección.
Algo, seguramente, no fue capaz de torcerse lo suficiente para convertir una senda en un paseo que lo involucrase.
O lo fue, pero no con la suficiente fuerza, o compatibilidad, o tolerancia: esa que evita la rotura de enlaces, que permite sobrellevar cambios bruscos, que convierte en permanencia la ausencia de cambios, que hace de esa permanencia un motivo de afianzamiento.

Catalizadores.

¿Cómo se cambia la naturaleza íntima?

Silencio cómplice

Junio 23, 2007

Tengo una enorme bocota, cerrada, sin oportunidades.
Enormes orejas, capaces de escuchar sin forzar una palabra, también en desuso.
El recuerdo de cómo preguntar si me aceptarías, en tres dedos de una mano.
La sonrisa que acepta desearte, guardada en los armarios.
Allí, desperdigada, la mirada abierta quedó para acompañar a la sonrisa.
Ambas olvidan para qué fueron hechas.
Ambas callan, porque en el silencio no sienten.

Hoy observaba

Junio 21, 2007

Observaba a un vendedor, consultado sobre las penurias de cierta mujer, cuyas humedades, chorreándole por las ventanas y paredes del lado sur, hinchándole la vida de las aberturas de madera, empapando las aberturas metálicas y los vidrios al exterior, llegaban a afectar el piso de parquet, convirtiéndolo en colinas de escaso interés turístico.

Tras largas (y casi graciosas) cavilaciones sobre trapos aplicados, esponjas recortadas en los laterales, recubrimientos de las zonas metálicas, todo tendiente a ‘escurrir’ el agua, sin resolver nada, se me ocurrió comentar, en voz baja:

- Sugiérale que ventile la habitación.

Como habitante de una ciudad-pecera, donde clamamos por la crueldad del clima seco si el porcentaje de humedad baja del 75%, me ha tocado vivir las peripecias de los departamentos pequeños, caldeados hasta los 30ºC en el interior, mientras tras el vidrio el mundo se desarrolla cerca del punto de congelamiento.

Y recuerdo las ventanas escasamente traslúcidas de humedad a la altura de la cara de un adulto, totalmente opacas (esa opacidad de ensueño del vapor que empaña sin importar cuánto uno dibuje en él) hasta el alcance de todo niño y, lisa y llanamente, chorreante por debajo de su ombligo (el del niño).

Con este tipo de paisajes, los alrededores no la llevan mucho mejor:
Las paredes pintadas a la cal (o como sea que se llamen) rezuman humedad desde lo más impenetrable de sus entrañas, sin llegar a dejarnos en claro si se trata de superficies sólidas húmedas o de humedades estólidas de pie.
Creyendo encontrar la solución, había pintado luego las paredes que rodeaban el mencionado ventanal (¿cómo que no lo mencioné?) con pintura al látex. Una maravilla de la tecnología que convierte tus paredes en brillantes monumentos sin vida, de superficie menos suave que lo prometido, donde recordarás de por vida todo cabello, propio o ajeno, humano o de caballo, plástico o pelusiento, que haya osado acercarse a ellas.
Del mismo modo, en dichas paredes hallan cobijo todo tipo de manchas que nunca creíste que podrías prodigarle a una entidad tan verticalista.
Desde dedos que posan estiradas huellas cargadas de diversas tinturas de origen orgánico, muchas de ellas con verdadero volumen, pasando por rayas coloridas (en un fondo taaaaan blaaaancooo) testigo de encontronazos en los ángulos más inverosímiles, variadas profundidades, increíbles ‘movimientos tectónicos’ que llevan montañitas de pintura desde su lugar de origen a elevaciones de infarto. Nunca faltan, y aquí llegamos, los ‘convidados de piedra’, que no fueron convidados y, mucho peor, pertenecen a algún otro reino de la naturaleza.

Se trata de seres informes, por millares, de un color que jamás identificaré entre el verde y el negro, textura (ggghhhh) cuasi plana, pero tangible, capaces en su gregariedad de formar colonias inabarcables, notables en la tozudez por retener su parcela, simuladores de desmayos en un ataque por cloro, y terribles farsantes que recuperan el terreno en lo que te preguntas si ya estará seco.

Me he deleitado en estos pesares, que, ante mi casi inaudible sugerencia, se vieron colmados de ratificaciones, desmayos por sufrimiento espejado, cruce de recetas para su (aparente) remoción, seguidas invariablemente de la zozobra de la obra tergiversada a mano de enemigo tan a la mano y tan inalcanzable a la vez.

Y una cosa notable:

Sin importar el tema del que se trate, todos deseamos ese minuto de interlocución.

La mujer, redondeando y revolviendo con gracia un tema a todas luces agotado, era capaz de reiniciarlo de diferentes modos, desde ángulos ligeramente diferentes, con pequeñísimas variaciones que, inequívocamente, se hubiera ahorrado en caso de haber deseado llegar a su casa a quitarse el frío.

En varias ocasiones, buscando no repetirme, me encontré ensayando distintas tácticas para lograr el objetivo (no darle de comer a esa vegetación exótica), y convencer a los dueños de casa de seguir en esa línea so pena de morir reverdeciendo.

A medida que la necesidad de ideas demostraba que no era el tema algo con lo que permanecer especialmente entusiasmado, fui cayendo, incluso con palabras, en lo que desde el principio originó todo el episodio.

NECESIDAD DE DIALOGO

Sopapo

Junio 19, 2007

Diversas alas, diversos vientos, diversas aguas, e incluso yo mismo, sugieren la necesidad de rumbear con nuevo empeño, fuera de ciertas imágenes que, al tornarse obsesivas, no consiguen sino teñir de caramelo un espacio ya hueco.

Ciertos matices, algo aprendido, a pesar de la repetición eternamente circular de las ideas fuera de la realidad, por encima de las realidades que resulten realizables, y todo va tomando el viejo cariz de dulce recuerdo : ilusorio, melancólico, idealizado.

Todos los componentes necesarios para llevar lápices y biromes, témperas y vidrios, papeles, teclados y oyentes al punto del desfallecimiento por hartazgo.

No hay como una buena sacudida para el embelesamiento.

No hay como golpear una columna de alumbrado para despertar de una caminata con la vista perdida.

Y no hay como las boletas de impuestos para re-destinar las horas frente al teclado.

Sopapo, para quien no lo tenga oído, es un golpe, no necesariamente fuerte, ni necesariamente malicioso. Como todo golpe, se trata del hecho en sí.
La causa, el objetivo, o el resultado, pasan por instancias temporales que, por antecederlo u ocurrir luego, se le escapan de las manos.
Sopapo, es lo que la realidad de planta a uno en la cara cuando la terquedad nos hizo ignorarla.
Puede ser, incluso, una cariñosa manera de llamar la atención.
Sopapo, es lo que una mujer nos destina si en medio de un diálogo quedamos embobados observando por debajo de su cuello sin responder.
Puede ser, incluso, una cariñosa manera de llamarnos la atención.
Sopapo, es lo que uno debería prodigarse cuando nota que está pifiando el camino, o el modo, y en vez de replantearse avanza como rinoceronte enceguecido, ya presa fácil para cualquier niño no descerebrado.

Muy bien.

Este es mi sopapo.

Acá estoy. Algo coloradito. Bastante consciente de la realidad. Bastante entero como para no caerme de los hilos que la dibujan en los alrededores.

Solamente faltaría … Claro, por supuesto, y cómo no ! Cuando uno se ha comportado como un chiquilín, no asume que el resto espera verlo actuar adultamente.
Lo que espera es, en todo caso, esa especie de mimo tranquilizador que le haga saber que es estúpido, pero no está solo.

Como ya he recibido, y cantidades ENORMES, de eso, lo que aquí estaba faltando es un:

GRACIAS. ENORMES. A TODOS LOS QUE DIERON UNA LINEA.

GRACIAS, por el SOPAPO :)

Bien…

Junio 18, 2007

Este árbol está seco.

A la primera?

Junio 17, 2007

Suscribo … en las ilusiones … :)

Lo que tengo para dar

Junio 16, 2007

Lo que tengo para dar se mide poco en estos días.
Lo poco que hay para ofrecer se centra en mi compañía.
Si pudiera regalártela, entonces sería rico.
No pudiendo acompañarte, seríamos dos los mendigos,
surcando calles sin nombre, buscando a ser comprendidos.
Es la respuesta final, en palabras, de lo dicho:
si nos separa un mar, si algo hay que mantener vivo,
que se trate del recuerdo: un tesoro compartido.

Almohada

Junio 16, 2007

Me tomo de la almohada.
Le cuento que he llegado al punto en que la paz interior insiste con ganarme.
Le cuento cosas bellas, ya que no está enterada, porque mis ilusiones la dejaron fuera.
Le cuento de hermosas líneas, en las que supo escucharme,
con su total silencio, con su cara incrédula.
Le explico despacito, saltando algún detalle,
no sea que me asalte, beligerante, el fuego.
Le insisto en que los tiempos ya no son los de antes
cuando, hace algunas horas, errante, suspiraba.
Le muestro hasta qué punto mi admiración por ella,
por su forma de ser, su sensibilidad elegante,
me devuelve paz con su sosegada congruencia
para evitar tropiezos y, de haberlos, me levante.
Le confío mi sueño: deseo para ella
un despegar de enormes alas para su próximo viaje.

Despertar

Junio 16, 2007

Despertar.
Con el cuerpo, la mente, las manos llenas de vida.
Encontrar.
Tu cuerpo descansando. Mis ganas de arrullarte.
Esperar.
Cuidando tu descanso, buscar acomodarme.
Inquieto.
Apostar ese descanso a mis ganas de hallarte.