Coleccionista

Me siento mal.

Había vuelto a cantar. A despertar con la imaginación templada por una compañía inexistente, pero grata. Había comenzado, otra vez, a improvisar melodías tontas, que fueran contándome lo que pensaba, la forma en que sentía, el ritmo con que iba deseando las cosas.

Y todo se me ha borrado de la mente. Un plumazo, y ya nada.
Si es que de una pluma se trata, ha de ser de uno de esos monstruos de demolición, muy eficiente, porque no encuentro, no recuerdo, no imagino ninguna de esas melodías, ninguno de los ensueños. Mi imaginación se tornó una enorme sábana, extendida y sin marcas, sin arrugas que le den familiaridad de actos recordables, sin tonalidades, decoloraciones ni rasgaduras que mencionen viejos, buenos, memorables momentos.

Me siento un coleccionista.

Coleccionista, en mi definición, en mi manera de comprender los sentimientos, es una lúgubre profesión, poblada del encierro de entusiasmos pasajeros, de inasibles instancias a las que no es capaz de volver en vida, de la torturante ilusión de POSEER, por medios pobres, carentes de significación en el alma.

El coleccionista muere en cada hallazgo que debió alimentar el alma, porque allí, en el mismo instante en que decide que desea y puede, pierde el camino del disfrute, para desbarrancarse por el de la posesión, la búsqueda de los medios que han de entregarle el objeto del deseo, en su forma física, en posesión legal (no necesariamente), con características atemporales, para poder sentirse, de allí en adelante…

Hhhhhh …..

Cómo? Cómo te sientes? Apenas han transcurrido segundos. Ya ha cambiado la relación de poder. Has perdido la emoción que es el disfrute de lo que se da naturalmente.

Esgrimirás, en alta voz, a quien desee dudar, que en adelante, podrás elegir la forma, el lugar, la disposición…

Todo el discurso no hace más que ensuciar la pureza del sentimiento que nace estrictamente mientras eres capaz de sentir (y provocar sentimientos) sin forzar NADA.

Mientras toma nota, apuntando la ocasión para el disfrute … Ese amor se va…

Mientras pretende darse un gusto, con lo que ha atesorado, por mucho que la estética forzada busque pintar un ambiente… La frescura de lo natural se ha diluido.

Olvido ahora a ese coleccionista al que he endilgado mis pesares.

Me veo aquí, solo, encerrado en pensamientos que niegan su obligación de tomar forma para mí, y prefieren abandonarme a la desilusión y la nada.

He decidido abandonar la colección a su suerte. Quizás ella encuentre su nicho, su tierra salvaje donde crecer y recuperar la vida que ambos hemos perdido.

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