En el aire …

Me ofreciste de beber, y tu calor me colmó.
Sentía estallar mi piel y …. aún me estaba acercando.
Desde tus ojos, el brillo del espacio más inmenso
me hacía sentir, sencillamente, tu habitante y tu dueño.
Con silenciosas palabras, respiración retenida,
fuimos eligiendo el habla de tantas caricias perdidas.
Más silencio, más tensión, liberada en mil suspiros.
Creíste estallar y, otra vez, encontramos más caminos.

Moría yo, por desearte … morir renaciendo al contacto.
Morías tú, por drenarme, sin medir si eran mis tiempos.
Mas yo buscaba los tuyos, rozando piel y cabelllos,
deseaba enredarme en tus ojos, hasta agotar tus silencios.
Buscar, esperar, re-buscarte.
Hallar… Esperar, esperarte.
Cada vez que entrecortada, o lánguida, te sentía
contaba para mí un triunfo, promesa de nuevos días.
Sé que creíste imposible postergar lo impostergable,
que no me creíste sensible al retenerte en el aire.
Sé que dudaste siquiera que llegara a acompañarte.
Y que, cada vez que se produjo el milagro, me encontraste.

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