Porque no soy tu hombre ideal

Porque no soy tu hombre ideal.

Porque más de una vez, las palabras que te agradan fluyen de una voz que se quiebra.
Porque más veces de lo deseable, encontraría mi mundo desordenado en pos de palabras que me arrebatan.
Porque aunque me pidieras detenerme, seguiría deseoso de llevarte dos cielos más arriba.
Porque la ilusión intangible transpira y huele en cada vaivén que te encuentra en la realidad.
Porque difícilmente soportarías esta obsesión por leer tus ojos a menos que las alas de un amor real cierren tus párpados.
Porque más allá de los días y las noches, deberías soportar inimaginables bromas tontas por las cosas que no me dejan huella.
Y te obligaría a transitar mis mil metáforas, oscuramente crípticas cuando desee dártelas y tema herirte.
Porque estarías viviendo el ejercicio de descifrarme eternamente para sentirme.
Y sentirías mi escrutinio de tu aire, el leer tus manos, acompañar tu cuerpo, más de una vez demasiado silencioso, confiando en comprender siempre algo nuevo.

Verías a un ser lánguido, embobado, observarte y deleitarse en tu visión.
Un imbécil que sostendría tu mano a medio vuelo, observando el movimiento de tus dedos con un cálido flameo de candor.
Un ladrillo que se duerme con tus sueños, mientras en ellos te molesta con sus ansias.
Y una pared que morirá en silencio si sospechara que no puedes superarla.
Una entidad sumida en sus deseos, que sin olvidar un instante te abarcan,
pero no sabe exigir los frutos, a menos que lo convenzas de ser planta
deseosa de beber y disfrutarlos, de a dos, sin límites, con verdaderas ganas.

Porque muero ante la idea de no poder acurrucarme noche tras noche tras su sueño, y acompañarlo en su ritmo.
Porque desespero de no estar a tu lado si despiertas inquieta, o asustada, o desconcertada por una pesadilla.

Un hombre ideal, eso supongo, sería el que mantiene las distancias.
Sin buscar ahogos ni sofocos, yo no sabría ignorar cuando te apartas.
Un hombre ideal merecería respeto por sus claras intenciones.
No creo poder hablarte de las mías, tan sólo las plasmaría en cada instante.
No serían claras, no mantendrían distancias,
no conseguirías estar fuera, ni tranquila.
Sería siempre para ti saberte vista aún tras un velo de distancias.

No ser un hombre ideal es un problema, pues cuesta hallar cerca a esas almas
que viven con las puertas siempre abiertas. Quizás tampoco creen poder hallarlas.

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