Ni lo lean

Lastimado.
Caminata.
Regalo.

Retrocediendo, me resulta más claro.

Con mi hermano (casi un año menor que yo) no somos regalones, pero somos de esos viejos compinches capaces de compartir una camiseta transpirada (puaj… en la vida real sonaba como un favor).

En particular, le regalé un par de zapatos que me iban chicos y no soporté ponerme dos veces seguidas (pensé que eso sólo le ocurría a las mujeres).

Poco después, me preguntó (porque sabe que suelo preferirlas) si quería un par de botas que él no soportaba.
Por qué decir que no a algo desconocido? Qué campana sonó y no escuché?

Las trajo. Altas, Muy claras. Apretadas. Realmente eran para una película de vaqueros, más que para ir por la calle.

Pero… Valiente, sin pensar en la opinión ajena (o esperando a retrucar alguna broma), calcé y salí.

Muuy maaal. Tenía por delante trámites a lo largo de unas 30 ó 40 cuadras.

Como jamás tuve problemas de calzado, ni imaginé que me encontraría renqueando.

Hasta no hace tanto, una caminata de 80 á 100 cuadras (unos 10 a 15 km) era mi ideal de ‘linda caminata’ (con algo hay que ablandar a las mujeres 🙂 ).

Me encontré en medio de la nada (pleno centro de Rosario, pero con el dolor de cada paso, no veía), peleando por recorrer los próximos 25 metros, a distancias astronómicas de sentarme a sufrir con tranquilidad.
Y divagando, sobre métodos de transportación asistida… que no aparecían por ninguna parte.
Supongo que los taxis doblarían cuadras antes de llegar junto al rengo con cara de espanto.

Realmente, no recuerdo (o mi mente benevolente ha borrado el suplicio) el camino o la forma en que llegué a casa.

Sí recuerdo el detalle ‘sorprendente’ de una media con sangre en un pie que se negaba a ser tocado.

Toda la escatología (sé quién debería corregir el uso del término) me lleva a la medida gloriosa de la estupidez humana.

Todos los indicios gritaban que ése era un calzado ‘agresivo’ en alguna medida.
Y el borrego fue a elegir la peor ocasión para realizar una prueba piloto.

Todo sugería que el cariño fraternal y la confianza nada tienen que ver con la comodidad o la supervivencia en la calle.

A pesar de ello, como si demostrara algo, encaré la situación como quien busca ganar un premio sin haber entrenado, sólo porque se encierra en la convicción de que lo que quiere es lo que puede, pero sin medidas reales.

Y el punto éste, que es para mí, es el sorprendente:

SÍ. LO HICE. Por estúpido que parezca, logré lo que quería.
CON esas botas, fui, hice y volví. Vini, vidi e vinci.

Parece ridículo (insisto?), pero el nudo de la cuestión, no era pasear feliz.
Era averiguar algo.
Y se transformó en SUPERAR algo.
Que no es, ni tiene por qué ser, malo.

Me queda renquear un poco hasta que cure el pie. Nada serio.
Pero sé que, aunque lo niegue, voy a darle otro round, más mesurado, más al alcance de mis posibilidades, porque no me ganó.
Me tuvo ahí. Al límite de pedir fin a la tortura (exagerado? mmmno sé)
Pero pasó (creo que preferiría recordar el camino de vuelta a casa, no sea cosa que después de tanto entusiasmo, y llegue a enterarme que debí ser arrastrado por los pies mientras lloraba a gritos).

En fin…
Por la opinión que puedan formarse, veo que no debería se leído.

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2 comentarios to “Ni lo lean”

  1. Laura Cambra Says:

    ¿Penitencia?
    ¿Sacrificio?
    Igual es divertido (al menos para mí) ver cuáles son los desafíos que decidimos enfrentar y que nos hacen únicos.
    Una vez, estaba entrando a un negocio y me agarré el dedo en la puerta (una de esas de blindex que pesan como una manada de elefantes). En cuestión de décimas de segundos, frente a la mirada conmiserativa del público (el negocio estaba lleno), y con el dedo literalmente reventado, me di media vuelta desoyendo las preguntas que me hacían (¿te lastimaste? obvio ¿estás bien? obvio que no ¿te duele? como el infierno). Calladita, caminé hasta el auto que había dejado estacionado a dos cuadras, busqué la llave como pude y, una vez adentro, me puse a llorar a los gritos.
    Todavía hoy me pregunto por qué, para qué y a quién le dediqué semejante prueba de estoicismo inútil.

  2. Eduardo (ejmv) Says:

    He leído. He reído.
    ….
    Y me cuesta apaciguarme.

    El comentario al usar la palabra escatología se refería a vos (más dueña del diccionario que yo, temía le reclamaras un sentido más cercano a su origen).

    Y sigo riendo.
    Pero tienes toda la razón…… Son esas muestras en las que uno no busca ayuda, conmiseración, ser reconfortado.
    Son ocasiones en que lo que importa es uno, para uno, y cómo se atreve a sobrellevarse.

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